Mirla Campos, una actriz de Estival

Mirla, la actriz
Francisco Rojas/Teatroenmiami.com

mirla-en-la-interpretacion-de-aura.jpgLa experiencia amasada como espectador me ha dado la oportunidad (muchas veces) de valorar la calidad de actuación de algunas actrices y actores del teatro venezolano actual. Mi laboratorio estuvo vinculado a la escena rajatablina y a la época de oro de los teatros universitarios, también al repertorio de El Nuevo Grupo que aglutinaba a los tres emblemas (Isaac, José Ignacio y Román) junto a la posterior etapa demarcada por los montajes de la Compañía Nacional de Teatro cuando Chocrón la dirigía y administraba con la eficiencia que siempre lo caracterizó. En ese trajín delicioso de ir y venir a Caracas y el de permanecer fiel al otrora Ateneo de Aragua cuando su cineclub y la euforia anual de su Festival de Teatro eran el máximo atractivo, comencé a hacer mi personal antología de piezas y a calibrar la presencia en escena de los actores de esas etapas. Había, por supuesto, los iconos que servían siempre de referencia. Cómo olvidar a Rafael Briceño en personajes como Próspero, Amadeo Mier… Y actrices que aparecen intermitentemente en mi memoria como Aura Rivas y América Alonso compartiendo la versión cabrujiana del personaje Brusca en Lo que Dejó la Tempestad de César Rengifo para la Compañía Nacional de Teatro.

En este sucinto viaje mental que ahora hago como pretexto para una reseña crítica de la actriz Mirla Campos, recuerdo, en la versión teatral de Carlos fraga de la novela de M.O.Silva, Casas Muertas para Rajatabla, la entrada a escena de Elba Escobar en uno de sus roles más brillantes. Fue una marca que me quedó para corroborar lo que, en una ocasión, me dijo en los entretelones del Teatro Juárez de Barquisimeto, Asdrúbal Meléndez, sobre la importancia del momento de ingreso al tablado de la acción dramática, justo cuando me tocaba compartir con él una escena de Tom Paine de Paúl Foster para el grupo Triángulo del Pedagógico de Barquisimeto, allá en los tiempos de los festivales de provincia.

Pues… Mirla me recuerda muchas cosas de las que ví en actores y actrices de los más característicos y versátiles. Su quehacer teatral modesto en cantidad lo ha colmado con la calidad escénica que posee de manera natural. No es el método lo que la define sino el talento que fluye en toda su humanidad desde que entra en acción, hasta que culmina y, aún después, nos queda grabada su imagen porque su impresión actancial se instala en la memoria. Así la recordamos en cada una de las piezas donde ha actuado y, en particular, en Agnes de Dios de John Pielmeire bajo la dirección de Mariozzi Carmona (a quien evoco compartiendo algunas de las experiencias arriba descritas)… En esta pieza, las entradas del personaje de monja, al cual Mirla interpreta como si de su alter ego se tratara, marcan el ritmo de la misma porque abarcan con su integral actuación, (voz, matices, cuerpo, espacio, manejo del vestuario.), una gran fuerza expresiva, la cual eleva en esta participación, al campo de la excelencia. Mirla sostiene y sustenta el drama en toda su intención conflictiva. El apoyo que ofrece al resto del elenco es capital para la cohesión del equipo de actrices que conforman el elenco.

Mirla se ha paseado por el escenario con la soltura de las más experimentadas artistas y en algunos casos hemos tenido que decir que lo mejor de la “puesta” fue la actuación de Mirla porque presentimos que, en su soledad, ha sabido recrear sus personajes con una eficiente memoria afectiva, para luego, en el ejercicio teatral, desarrollarlos con el director, pero más con el coraje de la actriz que rebasa el estudio sistemático… Así, por nombrar alguna pieza, observamos su rol en Caricias, de Sergi Belbi, dirigida por de J. de Jesús. También en su último trabajo: Dollwrist de Juan Martins (su mentor y compañero), donde el hilo conductor emocional junto a la pareja masculina que la complementa, es catalizado por su coherente fortaleza escénica. Construye un personaje protagónico que arropa el conflicto al darle la solidez a su caracterización, por encima del tiempo escénico y a pesar de los cambios de la acción y de los extensos parlamentos. Ella nos mantiene atentos al desarrollo y sentido de la pieza simplemente porque lo asume como quien asalta un espacio que le pertenece.

Podría detenerme en detalles pero no he querido hacer una apología de Mirla Campos, sino darle el lugar que le corresponde a quien nos ha brindado su cuerpo para mostrarnos otras apariencias expresivas con el don que recibió de la providencia divina y que ella ha asumido con la dignidad y humildad de una heroína anónima. Mirla tiene la fuerza de una actriz experimentada a pesar del poco espacio que ha tenido en el discurrir escénico. En cada performance ha mantenido ese destello que la hace lucirse, aun si la pieza es drama o una comedia como en el caso de Primero la Moral, de José G. Núñez, donde nos devuelve a una Olimpia fresca y abultada en matices, que nos hace reir hasta las lágrimas.

 

No sé cómo llegó al escenario Mirla. Sé que no pasó por una escuela de arte dramático, pero también sé que no tuvo problemas para subirse al último vagón que la condujo al Teatro… Ah… Y qué rápido aprendió a conformar un estilo y a disfrutar su trabajo de actriz, paralelo al de su vida cotidiana, la cual le reveló al corazón femenino, es decir, a la otra que es ella misma, su vocación…y, de esa manera, acompañada del duende que la hizo ser ésta que es hoy y que se enciende cada vez que se apagan las luces, aprendió a vencer los límites que la separaban del otro escenario y subió a él, cuando el timbre marca el inicio, a repetir el rito milenario.

Publicado en el Peridiquito/sábado 9 de sep.

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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